¡Las raras apariciones en la misteriosa curva de Ligüí!

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¡No te pares!… ¡No te pares! ¡Dale, Dale más recio es un esqueleto! Gritaban desesperados aquella tarde de invierno su esposa e hijos… pero el chófer miraba en esa peligrosa curva de Ligüí a una hermosa y despampanante mujer rubia ataviada de vistosos colores haciéndole la parada… Y por fortuna este escuchó los ruegos de su familia, y no se paró, se siguió de frente, y en ese preciso instante venía una pipa a toda velocidad; que si se para como se lo pedía la visión de la rubia mujer, se hubiera impactado con la pipa cargada de combustible, y solo Dios sabe que hubiera pasado… así lo dijo la señora Romero quienes venían de Loreto a La Paz, no hace mucho tiempo, y sufrieron esta macabra experiencia.

A través de los años son muchos los espantados por esos caminos de Dios… Una madrugadita de aquellas, no hace muchos años. Cuatro prestigiados médicos venías de Guerrero Negro a La Paz, de cumplir una comisión… Al pasar por la curva de Ligüí, de pronto salió de la nada en la oscuridad de la noche a la orilla del camino, una joven y bella mujer quien despreocupada y contoneándose graciosamente caminaba dándole vueltas al bolso negro de mano… Vestía falda floreada corta y blusa blanca, con el cabello rubio a media espalda, y de piernas muy torneadas; era de buen ver la mujer dicen; que parecía extranjera, los cuatro se preguntaron que qué andaba haciendo a esas horas de la madrugada esa linda mujer, y en esa curva tan peligrosa… ¡Fue cosa de un instante, cuando de pronto la mujer se aventó al frente del vehículo como si nada, como si no los hubiera visto!; y supuestamente la atropellaron, hasta se escuchó el golpe y se sintió el bulto rodando bajo el carro. Fue algo inenarrable… muy mortificados pararon el coche buscando a la muchacha para prestarle ayuda, pero para su sorpresa no había nada, todo estaba en la más espantosa soledad, solo se escuchaba el silbar del viento como un triste lamento.

Dicen los galenos, que no comprendían que había pasado, adonde había quedado el cuerpo de la mujer, si por un lado es cerro pelado, y por el otro es voladero, que la buscaron por espacio de media hora, hasta que se convencieron que habían visto una aparición… Fue una experiencia inolvidable.

Por su parte, Don Carlos, respetable señor de las siete décadas, dijo que no hace mucho tiempo, una oscura noche de otoño venía él de Loreto a esta ciudad capital, y que de pronto al pasar por la misteriosa curva de Ligüí, volteó a ver el espejo retrovisor de una manera normal para ver si traía carro atrás, pero cuál sería su sorpresa, que en el asiento trasero llevaba una pasajera, chocó su mirada con los profundos ojos de la bella mujer la que tenía el rostro apergaminado, y con sombrero muy adornado… Que él ya había escuchado sobre las raras apariciones sufridas por algunas personas, y que estas al sorprenderse o asustarse como era lógico, chocaban o se iban al voladero. Continúa diciendo Don Carlos que él hizo de tripas corazón y sacando valor no sabe de dónde, se hizo como si no la hubiera visto… Y que la pasajera lo acompaño dentro de su vehículo un trecho de más de doscientos metros, y luego desapareció dejando un suave aroma a flores silvestres… fue una experiencia espeluznante, dijo.

Don Pedro, mecánico de profesión, dijo que él venía de Santa Rosalía acompañado de su familia… Ya estaba anocheciendo, iban pasando por la legendaria curva de Ligui; cuando de pronto se le ocurre a uno de los niños que quería orinar… Con miles de batallas y por lo peligroso del camino, buscó un lugarcito para hacer la parada porque el chamaco ocurrente iba muy urgido. Ya que el niño hizo su necesidad subieron al vehículo, pero al arrancar, llevaban sentada el guardafangos una mujer vestida de blanco, y él no comprendía de donde salió, ni cuando se subió sobre el carro, pero lo curioso es que la familia espantada gritaban que era una calavera la que llevaba en el guardafangos, fueron momentos terroríficos y el vehículo iba a toda velocidad, y la mujer si se movía y los chamacos llevaban una gritería ¡El esqueleto se va a caer, se va a caer el esqueleto decían! Y él más recio le daba al carro, y así la llevó sobre el guardafangos por un trecho de más de trecientos metros, y luego esta desapareció. Fue algo espantoso dicen, los niños ya no quisieron volver por aquellos caminos del Ligui.

Don Juvencio, cuenta que por los años 60, que él conducía un camioncito de redilas, de aquellos… Venía de Guerrero Negro a Constitución… Ya estaba anocheciendo, y al pasar por la curva de Ligui, estaba en la orilla del camino parada una mujer vestida de largo ropaje blanco pidiendo raite, tenía en el suelo un costal lleno de elotes, él muy atento paró el vehículo, y se bajó a ayudarle a subir el costal de elotes, el que escondió atrás del carro, y la mujer volándole el rubio cabello al aire de un salto ya la tenía trepada en el camión… Y que ella le dijo señalando con la esquelética y blanca mano a la distancia que se iba a bajar como a unos quinientos metros donde estaban unos postes…. arrancó el camión y la pasajera no volvió a hablar en todo el camino, él la miraba con el rabillo del ojo; y cuando llegaron al lugar señalado, él muy atento, y porque además estaba joven y era medio coquetón, se le repegó mañosamente para abrirle la puerta y que sintió un hueso duro y muy helado el cuerpo de la pasajera a través de la tela, entonces se fijó en su rostro, y lo tenía como apergaminado, y ella se le quedó viendo con una penetrante mirada tan profunda y negra como un abismo, que en ese momento sintió un miedo, como si le recorriera liquido caliente por la columna vertebral, luego, él se bajó de prisa para alcanzarle el costal de elotes, pero para su sorpresa estos habían desaparecido junto con la mujer… ¡No lo podía creer!, no comprendía para donde había agarrado la pasajera pide raites de la curva de Ligüí con el costal de elotes en un instante, y no había para donde hacerse.

Le dio varias vueltas al camión por atrás y por delante y nada encontró. El subirse al carro nuevamente se le hizo eterno, sentía como plomada los pies, le sumió al fierro a gran velocidad, y para su sorpresa ¡Llevaba a la mujer agarrada del espejo y la ventanilla junto a su puerta!.. Fue espantoso aquello, nomás le volaba al viento la cabellera rubia y el largo vestido blanco…Hasta entonces comprendió que era cosa del otro mundo… Y con un nudo en la garganta., la iba viendo con el rabillo del ojo sin descuidar el camino y el volante, que hasta la respiración de ella sentía… Y como pudo se puso a orar con el pensamiento porque las palabras no le salían, se le quedaban como un nudo en la garganta… Así llevo a esa rara aparición como cien metros más hasta que esta desapareció. En lo sucesivo, dice, procuró viajar siempre acompañado… cuando escuchaba a los camioneros de esta aparición en la curva de Ligüí, ya nada más él se reía, porque también le había tocado y de a feo… Y dice, que a través de los años él todavía se ha preguntado que de donde sacaría la mujer ese costal de elotes por esas soledades, y que manera tiene de aparecérseles vestida de diferentes maneras a las personas… que esa mirada tan negra y profunda jamás la ha podido olvidar.

…La curva de Ligüí… Un camino de misterio que ha dado paso a la leyenda por las raras apariciones de la mujer que pide raite y provoca accidentes por esos caminos de Dios.

Publicación facebook perfil: La Paz Que Se Perdió

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